Quienes tenemos hijos en edades comprendidas entre los 18 meses y los 4 años, aproximadamente, hemos vivido esos momentos críticos en que nuestro hijo se tira al suelo a chillar, llorar y patalear en cualquier sitio independientemente de la gente que haya alrededor.

El sofocón hay que pasarlo, ellos tienen la necesidad de reafirmar su “yo”, acaban de descubrir que son una persona independiente de su mamá o papá y tienen sus propios gustos, y por lo tanto, les apetece tomar sus propias decisiones.

Estos comportamientos, que conocemos coloquialmente con el nombre de rabietas, son normales y necesarias para su desarrollo, pues forman parte del proceso mediante el que ganarán la autonomía que necesitan para seguir creciendo como personas. Nosotros como adultos, debemos validar sus emociones y dar herramientas para que ellos mismos, poco a poco, intenten controlar sus emociones y esa frustración que sienten tan a menudo, y puedan gestionarlas y comunicarlas de otro modo.

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