Muchas de las familias que recurren a mí me comentan alguna preocupación respecto al habla de sus peques, porque “hablan poco”. Los padres tenemos cierta tendencia a comparar a nuestros hijos con los demás: que si el niño de Fulanita ya se sienta o gatea, el de Menganita come sólidos, el de la vecina ya duerme solo… ¿te suena? Esto a veces nos trae preocupaciones innecesarias y, sobre todo, no nos permite lo importante, que es disfrutar de cada etapa y acompañar respetando los ritmos de cada niño.

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