Desde finales de la II Guerra Mundial, cuando se inició el cambio de paradigma y los cambios socioculturales acompañaron la instauración de nuevas lógicas con las que se cimentó la introducción de otras formas de alimentación infantil, hemos tenido la sensación de que se hizo necesario instaurar una nueva narrativa que desacreditara la alimentación al pecho de la madre y así justificar el cambio.

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